La Iglesia nos invita en este día, en todo el mundo, a contemplar el Corazón de Jesús. El Corazón de Jesús, como dice el Evangelio, manso y humilde, Corazón compasivo y misericordioso. La palabra misericordia formada de dos palabras miser, -miseria-y cordia, -corazón-. El Corazón de Jesús es la misericordia de Dios. El Corazón de Dios inclinado a la debilidad, a la pobreza de la miseria del hombre.

Cuando hablamos del corazón, hablamos de un órgano físico. En el ser humano es fundamental, si falla el corazón, falla ciertamente todo. Pero también se habla de algo espiritual para expresar el centro de la persona: allí donde se concentran los sentimientos, la fe, el amor. En el lenguaje hablado decimos "tiene buen corazón o mal corazón" para expresar una buena o mala persona. El Corazón humano por tanto, viene a manifestar lo más íntimo del ser, lo más profundo de la persona. Pero el corazón, los sentimientos no se ven. Dios es amor, pero el amor de Dios no se ve, sino sus obras. Dios, para manifestar el gran amor que nos tiene, nos dice en la segunda lectura el apóstol Juan, en la primera carta; Dios ha mostrado un amor que se ha hecho visible, de carne y hueso como nosotros, hombre, naciendo de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. Hemos creído y conocido el amor que Dios nos tiene. Porque precisamente el amor es un sentimiento, las actitudes para con los demás; el perdón, el odio, el afecto hacia las personas, la alegría..., los sentimientos buenos o malos para con los demás no se ven, sino los actos que producen los sentimientos. A Dios nadie le ha visto nunca. Pero Dios se ha dejado ver en las obras de la Creación y sobre todo se ha dejado ver en el hombre. Por eso, Dios en Jesucristo, nos ha mostrado su Corazón entrañable, misericordioso, compasivo, preocupado por la humanidad, por el sufrimiento de la humanidad, por el cansancio, por el abatimiento: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados...", dice Jesús. Es el mismo Dios el que está llamando a la humanidad para acercarse a El, para encontrar descanso, consuelo, paz... Por tanto, al hablar del Corazón de Jesús estamos hablando de la persona misma de Jesucristo. Estamos hablando del amor y la misericordia de Dios que se ha hecho visible para poder percibir, como dice Juan, "Conocer y creer en el amor que Dios nos tiene".

Estamos aquí, porque creemos en el amor de Jesús. Somos personas que hemos conocido el amor que Dios nos tiene. Celebrando una y otra vez el don que Dios ha dado al mundo entero: su Hijo entregado por nosotros. Aquella entrega permanente en esta Eucaristía, en el Sacramento. Sacrificio de la cruz que se realiza permanentemente en la Eucaristía.

Queridos Vicario General, Cura Párroco, Rector del Seminario, don Francisco, hermanos sacerdotes, hermanas/os que hoy os consagráis ante Dios y ante la comunidad cristiana como miembros en esta Fraternidad del Corazón Sacerdotal de Cristo, religiosas, hermanos y hermanas todos:

NOSOTROS SOMOS EL CORAZÓN DE CRISTO

Jesucristo, efectivamente, nacido de la Virgen María manifestó visiblemente el amor que Dios nos tiene hasta el punto de entregar la vida. No hay amor más grande que dar la vida. No solamente por los amigos, sino por los enemigos. Como dice San Pablo "por un hombre de bien estaríamos dispuestos a dar la vida, más la prueba de que Dios nos ama es que siendo nosotros pecadores entregó a su Hijo para que el mundo se salve por Él" y Cristo, como sabemos, realizó su obra y después de una etapa en la historia, acabamos de celebrar estos días su muerte, resurrección, ascensión al cielo, envío del Espíritu Santo... Decíamos que los sentimientos de Cristo se tienen que palpar para creer en Él y la gente que contempló a Jesucristo contempló la gloria de Dios en sus obras. La gente conoció el Corazón de Cristo en sus actitudes y comportamiento; curó a los enfermos, perdonó a los pecadores, no devolvió mal por mal, perdonó incluso a los que le crucificaron, oró por el mundo entero, por sus discípulos, por los sacerdotes, en la oración llamada sacerdotal en la Ultima Cena.

Jesucristo con su humanidad visibilizó el amor de Dios en sus obras. El Corazón de Jesús es toda la vida de Cristo entregada a los demás, no como un sentimiento vago, el sentimiento se va.

¿Cómo se puede hoy visibilizar el amor de Cristo?

En su pueblo, nosotros somos la humanidad de Cristo en la historia. Nosotros, que por el bautismo fuimos incorporados a Cristo, constituidos hijos de Dios, miembros de la Iglesia, somos el cuerpo de Cristo. Un cuerpo de Cristo que se constituye para visibilizar ante el mundo la misericordia de Dios. Porque el amor de Dios, el mismo amor que Cristo manifestó en sus obras ha sido derramado por el Espíritu Santo en nuestros corazones.

Cualquier cristiano tiene vocación y misión de ser "Corazón de Jesucristo para el mundo", para visibilizar con nuestras obras y palabras la misericordia de Dios para el mundo.

Todos por el bautismo somos sacerdotes que como Cristo nos ofrecemos por la salvación del mundo a Dios Padre.

Contemplar el Corazón de Jesús, contemplar a Cristo, es contemplar a Cristo histórico que está en el cielo pero contemplado en su cuerpo que es su Iglesia.
Igual que Cristo en la tierra manifestó visiblemente las obras de Dios, ahora nos toca a nosotros visibilizar el amor de Cristo a los que hemos creído en el amor de Dios ante el mundo.

¿Cómo se visibiliza? Vivir como vivió Jesucristo

Todo cristiano está consagrado a Dios. En el ámbito que le toca vivir tiene que ser Corazón de Jesús: delante de su familia, de su trabajo..., Luego hay personas que Dios llama de un modo muy especial a ser "Corazón de Jesús" como la vida consagrada: religiosos, religiosas, sacerdotes, misioneros, laicos comprometidos en muchas tareas de la Iglesia están siendo "Corazón de Jesús".

 ¿Cómo es posible que uno sea Corazón de Jesús?

Porque Jesucristo, con el mismo amor con que ama al mundo, lo pasa a mí para que yo ame como Él ama. Lo derrama en mi corazón para que yo ame como Él ama. San Pablo nos dice: "vivo yo, mas no soy yo, es Cristo que vive en mí". Cuando El ayudaba decía: "No yo, es Cristo que vive en mí". Hay que ver como haces milagros Pablo, como predicas Pablo, como curas Pablo; "No soy yo, es Cristo que vive en mí".

Pues bien, es ahí, donde tenemos que entender la consagración hoy de un grupo de hermanos y hermanas en esta nueva Asociación de Fieles, que me complace ser testigo y al mismo tiempo, protagonista en nombre del Señor, para visibilizar la acogida a esta Asociación en la Iglesia.

Está naciendo en nuestra Diócesis una Asociación de Fieles, de personas, que elegidas, llamadas por el Señor, quieren ser "Corazón de Jesús" al servicio de los sacerdotes, de las vocaciones sacerdotales y de especial consagración.

Igual que en la vida de cada día valoramos mucho por ejemplo, la ayuda que nos prestamos unos a otros. Cuando nos hacemos un favor, un servicio en actos de caridad que nos prestamos unos a otros, quizás valoramos sin tener en cuenta suficiente el gran don por ejemplo, de la amistad, el don de la Fe, el don de que alguien te escuche, alguien te dedique un rato, que alguien te quiera... Son regalos espirituales que los tenemos todos los días, los valoramos, son válidos y no materiales.
Pues bien, cuando una persona se consagra a favor de los sacerdotes, el Señor es el que la ha llamado para eso y la ha llamado por su nombre y ha dicho `Aquí estoy Señor, porque me has llamado". Esto es muy importante. No es una opción que ellos hacen, es el Señor. A hombres y mujeres que ya son cristianos, incluso padres de familia, con su profesión, pero llamados para que de un modo singular su vida esté preocupada, dedicada, ofrecida, por los sacerdotes y las vocaciones.

Eso tiene espiritualmente un valor incalculable en la Iglesia, porque en el Cuerpo de Cristo, en las relaciones entre los fieles misteriosamente se crea una corriente espiritual enorme por el mundo entero: por los que no creen, por los que están alejados de Dios, por todos los fieles de la Iglesia..., y efectivamente, a través de esta celebración, nuestra oración está beneficiando al mundo; es el misterio de la Comunión del cuerpo de Cristo.
Por eso, no hay que extrañarse que en la Iglesia haya un grupo de personas que se consagran especialmente al Señor con una intención, con una finalidad.
Eso va ha repercutir enormemente en bien de nuestra Diócesis, de la Iglesia y del mundo entero.

Por eso, damos gracias a Dios, porque se sigue suscitando en su Iglesia inquietud en el corazón de la personas, llamando a personas para que pongan especial empeño en poner su vida y sus obras al servicio del Reino de Dios y en este caso de los sacerdotes y de las vocaciones.
El Señor lo dijo: "Rogad al Dueño de la mies para que envíe los obreros de su mies". En la última Cena Jesucristo oró: "te ruego por ellos que sea uno como tú en mí y yo en ti..., por ellos yo me consagro". El Señor se consagró por los Apóstoles, por los sacerdotes, por el mundo entero.

Cuando un grupo se une al Corazón Sacerdotal de Cristo ¿qué están haciendo?: ser Corazón de Cristo en el mundo de hoy. Igual que Cristo oró, ellos oran, pero oran no a título personal, sino unidos al Corazón de Cristo. Es Cristo que sigue orando en ellos. Ya decíamos que Pablo afirmaba "vivo yo, mas no soy yo, es Cristo que vive en mí". También hay que decir lo mismo "Me consagro yo, mas no yo, es Cristo quien se consagra en mí". Es Cristo el que actualiza lo que El hizo por sus discípulos, por el mundo entero en mí.

¿Y yo qué hago?

Le ofrezco al Señor mi vida, mi fe, mi tiempo, mis bienes... ¿Cómo me consagro yo al Señor? Ante todo, guardando los mandamientos, siendo fiel a los mandamientos, eso no es fácil. No hacer lo que a uno le gusta, le apetece; significa ser como Jesucristo obediente a la voluntad del Padre. Y esto por amor a Dios y a los hombres, a los sacerdotes, a las vocaciones consagradas.
La consagración por tanto, fijaos, más que un acto voluntarista nuestro, es un acto de Dios, que cuenta con nosotros. Te ha llamado y te dice "quiero manifestar mi amor por los sacerdotes, mi preocupación a través de ti, cuento contigo".
Lo hacemos pública y solemnemente para que vuestro compromiso quede ratificando ante la comunidad, ante los ministros de la Iglesia y por decirlo de alguna manera, esto nos hace ver que la vida de la Iglesia, la vida cristiana no es algo individualista sino al servicio de todos.
Los Estatutos, que he firmado esta mañana, recogen lo que implica esta consagración vuestra que se renovará cada año en la fiesta del Corazón de Jesús.
No se trata, no es algo como si dijéramos, como una meta de llegada. La cosa es ahora cuando empieza. Hasta ahora han estado entrenando y es ahora cuando empieza.

Yo les quiero manifestar mi satisfacción y alegría, animándoles por todo lo recorrido durante varios años alentados, animados, acompañados por don Francisco, al cual quiero agradecer y al mismo tiempo felicitar por su servicio en este campo concreto promoviendo personas que oren y consagren su vida al servicio de los sacerdotes y de la Iglesia.

A los sacerdotes servirles no sólo apoyando, incluso, ayudándoles en actividades concretas. Al sacerdote se le ayuda sobre todo orando por ellos, ofreciendo vuestra vida, vuestros sacrificios, trabajos, luchas... La palabra sacrificio significa hacer sagrado: sacris -sagrado- fichio del verbo fachio -hacer-. Cuando decimos: ofrecer un sacrifico por los sacerdotes, significa convertir en sagrado, renunciamos a dedicar el tiempo a otra cosa y lo ofrezco por los sacerdotes... Resulta que dispongo de unos recursos económicos y quiero hacer sagrados estos recursos económicos que Dios me ha dado. ¿Cómo los hago sagrados? compartiendo con los pobres, los sacerdotes, por el bien de la Iglesia.
Llamados a vivir, está en los Estatutos, la pobreza, una vida austera, sin derroche, evitando el afán de ganar más.
Llamados a la castidad: limpieza de corazón. Cada uno la castidad en su condición; el soltero como soltero, el casado como casado.
Llamados a vivir la obediencia: ante todo a Dios. La obediencia, al compromiso que hacéis aceptando los Estatutos, la obediencia a la gente. No se entiende la obediencia sólo como obediencia al Obispo, sacerdotes, no, no, la obediencia a las personas que Dios nos ha destinado. ¿Cómo obedece el Párroco a sus fieles de Granadilla? Sirviéndoles, cumpliendo con sus deberes para con ellos. Atendiéndoles como sacerdote. Vosotros igual, la llamada que Dios os hace sirviendo a los sacerdotes, cumpliendo en definitiva el servicio a aquellos que Dios os ha llamado a servir, Hermanos, el Señor os ha llamado a servir.
Decimos: no soy yo quien elijo a Cristo es Cristo quien me elige a mí. No son ustedes quienes han elegido consagrarse a Cristo, el Señor es quien los ha elegido a ustedes y les ha llamado para una misión específica: formar una Fraternidad en el Corazón Sacerdotal de Jesús. Cristo quiere poner en tu corazón sus mismos sentimientos para con los sacerdotes, para con las vocaciones, para con la vida consagrada. Vas a visibilizar en el mundo la inquietud, la ilusión, el amor de Cristo por los sacerdotes, por la vida consagrada, por el aumento de las vocaciones.
Sintámonos todos agradecidos al Señor porque no abandona a su Iglesia, porque va suscitando mil modos y formas para que el pueblo tenga los pastores que necesita para crecer y desarrollarse. Que el Corazón de Jesús nos ayude a todos a predicar su ternura, su misericordia y al mismo tiempo nos llene de su amor para que nos sintamos impulsados a amar a Cristo en los demás y como Cristo los ama: ser en definitiva Corazón de Jesús en el mundo que nos toca vivir.
Mons. Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

(Transcripción literal de la grabación de la Homilía realizada el 30 de mayo de 2008en la Parroquia de San Antonio de Padua-Granadilla)

 

Inicio | Aviso Legal

Fraternidad de Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús     FSCSJ

San Pedro de Daute 21 | 38460 Garachico-Tenerife | Teléfono: 674 668 990

Email: fraternidadservidores2008@gmail.com